Se vive con la mente dirigiendo la vida y las reacciones, los estados de ánimo y los pensamientos y la mente se expresa con ideas incesantes que repiten modelos que crean malestares y dolor, además de sufrimiento que, creemos que son propios y que son solo productos de la mente mecánica.
Cuando la mente es observada ,es darnos cuenta de que no somos la mente, que ella es una herramienta que se ha apoderado de una identidad que no le pertenece, no somos la mente.
Separarme de la identidad que yo creí que era la mente es darme cuenta de que le había dado el control y la creación de las respuestas. Así simplifique mi vida y creí que la mente y los pensamientos eran invencibles.
No ser consciente de lo que es la mente, permitirá que nos veamos dependientes de una actividad mental ajena a nuestra voluntad. Crear silencio interno para deshacer el sufrimiento por la forma de pensar , es el camino para lograr la presencia y así evitar que la mente tenga el control de las reacciones.
El ego, el personaje, la falsa personalidad tendrán el mando mientras nosotros no estemos en presencia, en coherencia. Parar la mente requiere de atención y voluntad para ser capaz de elegir lo que pensamos y lo que vivimos.
Apagar la mente pensando es inútil. Detenerla es dejar de alimentarla, solo la presencia real la detiene.
El sufrimiento mental es creado por uno mismo en constante repetición de pensamientos que imponemos a la realidad. Es una interpretación personal de historias que muchas veces nunca suceden.
Amelia Camacho Guerrero.
13 abril 2026.