Símbolos que cambian.

Todo lo que mencionamos en relación a los muchos cambios que se están manifestando en la realidad cotidiana, conlleva también un destape de símbolos, muchas veces, ancestrales, que modifican la forma de percibir la vida.

Tanto los símbolos como los significados que los acompañan, dan sentido a las acciones y a los impulsos que mueven nuestras emociones y nuestras vidas.

Detectarlos es poder ver la raíz del sufrimiento y del dolor que causa la realidad transformada desde su base.

Muchos símbolos representan el piso que sostiene la realidad y la seguridad, la certeza, la protección que da lo conocido, aquello en lo que se puede confiar.

Las creencias se fortalecen con los símbolos, tradiciones y costumbres y estos son transmitidos de generación en generación.

Cuando se derrumban por el proceso de evolución, provocan malestar, inquietud, desajuste y rompen con la aparente estabilidad que se creía permanente.

El conocimiento que se recibe es promotor del cambio, el sistema que rige cada aspecto de la realidad cambia y hace que haya necesidad de adaptarse a las nuevas formas de interpretar lo que vivimos.

Este tiempo es muestra de todo lo dicho. Las instituciones están muy diferentes y todas nos están mostrando caminos nuevos y comportamientos que se modifican de tiempo en tiempo.

Los jóvenes tienen respuestas ante estos cambios y los adultos que no los aceptan, viven en contradicción constante porque ven su realidad alterada.

Para todos es una oportunidad de crecimiento pero no es fácil hacer esta transición sin consciencia.

La solidez de las estructuras sociales, religiosas, educativas, familiares es inexistente.

Todo cambia y es conveniente moverse con el flujo de la fuerza que, de manera natural, tiene la vida.


Amelia Camacho Guerrero.

21 abril 2026.