La lealtad es un valor que se manifiesta en la consciencia de todo ser humano que adquiere compromisos serios con sus propias decisiones y creencias, con todo aquello que tiene valor para el y que sabe de la responsabilidad que implica tener lealtad para uno mismo.
Las lealtades no siempre son tan claras para darnos cuenta de lo que exigen y de que manera demandan el respeto y cumplimiento de tareas y respuestas emocionales que se convierten en ataduras que de manera invisible obligan a las personas a obedecer a pesar de sus voluntades.
El miedo a soltar a los seres queridos, a fallarles, a que ellos piensen que no los amamos, a no contar con sus presencias y apoyos,, el temor a perderlos, hace que las acciones se escuden en las lealtades y cumplimiento de lo que demandan.
Hemos tenido lealtades escondidas en creencias adquiridas desde tempranas etapas de nuestras vidas, algunas que ni siquiera recordamos haber adquirido.
Muchas veces son los demás quienes nos recuerdan estos compromisos que disfrazados de amor son expresión de control y exigencia.
Necesitamos liberar la necesidad de controlar a los demás por medio de la exigencia de responder por la lealtad ofrecida.
Estás son acciones que nos diluyen, acciones que no nutren ni fortalecen a nadie.
Las lealtades mal entendidas se convierten en obligaciones que pesan y llegan a provocar incomodidad y profunda insatisfacción, son cadenas muy fuertes.
Una verdadera lealtad es personal y consciente, no obliga, se manifiesta de forma natural y es resultado de respeto y amor.
Reconocer estás ataduras es indispensable para lograr la liberación emocional.
Amelia Camacho Guerrero.
18 febrero 2025.