Al hablar de confianza muchos pensamientos e ideas llenan la cabeza y todo lo experimentado se hace presente trayendo muchos momentos de desconfianza y de incomodidad.
La confianza ha sido puesta en personas, en situaciones, en resultados y en ideas que nos conducen a la espera de que los resultados sean como los deseamos.
Confiar en otros, depositar la tranquilidad y la seguridad de la creencia de una respuesta como la deseamos , es el camino a la frustración y a la desilusión.
Todo esto nace de la necesidad de que se cumplan las expectativas que construimos al pensar que los demás están para satisfacer lo que queremos.
Los demás no tienen porque responder a una" confianza" que solo es la responsabilidad que uno pone en otras manos para no hacerse responsable del resultado que uno espera.
No crecemos desarrollando confianza en nosotros mismos.
Aprendemos a dar esta tarea a los demás. Es cómodo y nos libera de la responsabilidad.
Podemos confiar y exigimos que los demás no fallen. Insistimos en que los otros demuestren que pueden ser confiables. Así manipulamos y comprometemos la voluntad de los demás.
Todo porque no sabemos confiar en nosotros mismos.
Podemos confiar en lo que hacemos, en las acciones fundadas en el conocimiento y experiencia que tenemos, en las decisiones que tomamos cuando nos tomamos en cuenta y tenemos coherencia.
Vivir en desconfianza es desconfiar de uno mismo y creer que la confianza viene de afuera.
Cuando uno crece en el conocimiento de uno se aprende que el saber lo que somos es el camino a la certeza y seguridad que solo se encuentra en el interior de uno mismo.
Desconfiar de las acciones de los demás no es lo mismo que desconfiar de las personas. Lo que alguien hace habla de lo que es y de lo que tiene en su interior.
No podemos perder la confianza porque alguien no nos responda como esperamos.
La idea de lo que una persona es la creamos nosotros y esa persona no nos falla, fallamos al imaginarla como no es.
Amelia Camacho Guerrero.
27 octubre 2026.