Hay que saber que nutrimos mediante la actividad cotidiana que, además de redituar ingresos económicos, sirve para nuestro bienestar y desarrollo.
No hemos sido atentos, porque nuestra enseñanza no ha ido en esa dirección, del motivo, el impulso y la intención que ponemos en la actividad que ocupa gran parte de nuestra vida.
Los incentivos han estado dirigidos a satisfacer las necesidades del ego. La necesidad de reconocimiento, de aceptación, de ser valorado y ser visto, de obtener la atención de los demás y así nutrir todo lo que él mundo externo ofrece.
Por supuesto que esto ha tenido un precio. Un precio muy alto . Y lo hemos pagado ignorando que lo pagamos con lo que es un tesoro que poseemos y que desperdiciamos .
Esta riqueza es valiosísima y ante la ignorancia para verla, damos por sentado que siempre contaremos con ella.
Al abrir la caja fuerte, talvez haya residuos de aquello que dimos y que hoy quisiéramos haber cuidado más.
Esta lista es enorme pero podemos empezar con mencionar algunas cosas que parecen obvias.
Tiempo, atención, salud, disfrute, conocimiento, confianza, desarrollo, autoaceptacion, amor, cuidado personal, capacidad de elección, descanso, etcétera....
El etcétera puede alargarse. En cada aspecto que agreguemos habrá la consideración de la renuncia que ha costado hacer lo que hemos hecho.
Realizar una actividad para vivir de ella y además alimentar al ser que somos es un acto de consciencia y de amor por uno mismo.
La necesidad de sobrevivir ha impedido que esta elección sea tan consciente como debiera. El asunto es, que al no saber lo que hacemos podemos habernos estancado en el modo sobrevivencia por la inercia que ejerce el mundo externo.
Una vez que nos percatamos de la profunda necesidad de expresión que nuestro ser , darme espacio para la manifestación de lo que somos.
Sea cuál sea la actividad que haces, observa siempre como te sientes cuando lo haces, el placer que te da, no se compara con nada.
Amelia Camacho Guerrero.
25 julio 2026.