La consciencia que comprende puede ver, incluso la muerte, con una visión diferente.
Realmente centrar nuestra atención en la identidad verdadera, en lo que somos verdaderamente, hace que seamos capaces de despedir al ser que habito un cuerpo, ahora deteriorado, y darnos cuenta con profundo agradecimiento de la experiencia humana compartida.
Reflexionar y agradecer cada instante, cada impresión, cada vivencia. Confirmando la propia identidad cuando el ser es el mismo que dice adiós y gracias.
Todo tiene sentido, todo es claro y aunque todo sea triste y doloroso, el poder vivir y percibir lo que nuestro cuerpo nos transmite es un regalo. Así también el que se va nos acerca a comprender las emociones de cada momento.
Cuidamos el cuerpo y no somos el cuerpo. Pero nuestro vehículo es el medio de experiencia, es por el que la consciencia se enriquece de percepciones, sensaciones y de múltiples emociones que solo con el cuerpo podemos conocer.
Cuando ya no está en condiciones también nos enseña a soltar las falsas ideas de pérdida y separación. Nos recuerda que esta es solo una etapa del viaje.
La consciencia de nosotros mismos es el camino para lograr la neutralidad y la aceptación, la trascendencia, el recuerdo del origen y la esencia de la creación.
Gratitud infinita para las almas que nos acompañan en ésta travesía.
Amelia Camacho Guerrero.
23 mayo 2026.